En sánscrito, UJJAYI significa “respiración victoriosa”, el ejercicio final, uno de los más importantes del Yoga. Pese a la dificultad fonética y a la complejidad del término para su uso comercial, sintetizaba en términos ideales la idea con la cual Victoria elegía prendas en los talleres de Delhi y los mágicos pueblos de la India profunda, como Himachal Pradesh, donde en sus prolongadas estadías trabajaba con los maestros sastres y los productores artesanales locales adaptando las prendas tradicionales hindúes para convertirlas en piezas de uso posible en occidente.
Las estadías de Victoria en la India se repitieron todos los años y suponían largas estadías donde además capturó la esencia de la vida diaria en un país donde el espíritu es más importante que la materia y aún así, se expresa en formas, colores y texturas.
… cuando mi primer viaje, en el año 2013, descubrí que allí existía un mundo increíble que tenía muchos puntos de contacto con aquellas prendas que venían animando mi guardarropa y procedían de otras partes del mundo. El color y esas combinaciones imposibles las guardas, los apliques con espejos y campanitas, ¡las prendas de la India tienen sonido¡
El color y esas combinaciones imposibles, las guardas, los apliques con espejos y campanitas, las prendas de la India tienen sonido¡ A partir de aquella primera vez, regresé a la India todos los años y mi integración a esa dinámica social tan vital me enseñó mucho acerca de la entropía que anuncia lo que finalmente nunca se da: en ese mundo el caos tiene un orden y todo tiene una explicación. Luego de recorrer más de 20 talleres de confección, logré armar una red más pequeña que desde entonces me permite trabajar con los diseños ancestrales de la vestimenta femenina hindú y lo más importante, intervenir en ellos para poder adaptarlos para su uso en el Río de la Plata. Mis ideas acerca del corte y la confección cambiaron dramáticamente. Sin darme cuenta los sastres indios me llevaron hacia los orígenes, muchos de ellos tejen las telas con las que trabajan, la mayoría las tiñe manualmente y todos trabajan con una alegría increíble.
Allí me solté y mi imaginación me sorprendió soñando con kaftanes, túnicas ceñidas, túnicas abiertas, pantalones muy discretos y por sobre todas las cosas, ordenó mi camino hacia la idealización de un perfil femenino muy concreto y determinado. La mujer UJJAYI no tiene edad, es elegante, naturalmente elegante. Juega con los colores y se anima a lo más difícil en esta vida, ser ella misma, sin seguir modas o tendencias tan espontaneas como fugaces y encuentra en nuestras prendas, vestimenta para toda la vida.
En la India, ¡aprendí a volar ¡










